viernes, 11 de julio de 2008

La televisión de nuestros pibes

Tal vez me esté volviendo loco, o viejo, pero preocupado seguro. Y la razón gira entorno a la fuente emisora de rayos catódicos, también conocida como televisor, y su influencia en los locos bajitos. Sí, ya sé que esto no es nuevo. Nunca lo fue. La génesis de este gran invento pasatista que tantas alegrías, tristezas, conocimientos y falsa información nos ha dado, trajo incorporada también la preocupación de los adultos respecto a cuántas horas diarias podían verse sin afectar la psiquis de quien recepta la luminosidad de su pantalla, y también cuáles son los principales síntomas patológicos que podrían producirse frente a un consumo exhorbitante y vicioso.

Fue así como a través de estudios científicos, diversos investigadores de áreas distintas, como la física, biología, psicología, medicina, sociología, filosofía, nutrición, marketing, etc., se embarcaron en una investigación sin precedentes con el fin de lograr ver los pros y contras de este aparato de consumo masivo. Se lo acusó de cancerígeno, de ocasionar ceguera, obesidad, idiotez, y hasta se llegó a determinar que determinados colores a una velocidad determinada podrían generar ataques de epilepsia. Estos estudios, falsos o no, no fueron oídos durante décadas. El volumen de la televisión era más elevado. De manera que la televisión siguió siendo un éxito y pareciera que hoy quien no tiene un televisor merece el repudio general de la sociedad toda.

Si vamos al caso, personalmente fui testigo de cómo la televisión marcaba un camino en mi vida, y me guiaba durante mi infancia hacia un mundo de fantasía del que aún hoy, lamentablemente sigo atrapado. Ya no sé si lo que recuerdo lo viví, lo soñé o lo vi en la televisión. De modo que sé en carne propia que todo planteo antitelevisión no es más que mera habladuría. No dejo de negar que el vicio que ha generado en la sociedad ha sido terriblemente desgraciado, puesto que debido a su existencia he crecido sin jugar al fútbol en el potrero, he tenido poca amistad barrial, y he leído menos de lo que quizás hubiese podido. Pero también considero maravilloso la cantidad de cosas que aprendí, de lugares que visité sin estar ahí, y los que pude imaginar, mezcla de distintos parajes exóticos que hoy en día no tengo la menor idea acerca de dónde quedan. Me sirvió también para maravillarme con mensajes que cultivaron mi forma de ser, me deleitaron con imágenes bellísimas, desde naturaleza y misterio hasta paisajes y erotismo. Me trasladaron el sentimiento de ver los colores de una casaca y cruzar los dedos bajo la mesa de un bar mientras la garganta en plena emoción vibrante gestaba el deseado grito de "GOL". La televisión, mal que les pese, fue la gran compañera del siglo XX, desplazando del trono al mejor amigo histórico del hombre, el perro, al que encerraron en el balcón para poder disfrutar de una peli tranquilos y obligándolo a comer dog chow, o bolitas de mierda para perro que vieron en algún comercial de la televisión.

Sin embargo, ahora la preocupación me acosa. Y es que noto que la nueva oleada de dibujos animados extranjeros que invaden canales como Nickelodeon, Cartoon Network, Cablin... están generando una pérdida de la cultura del país. A diario nos invaden frases como: "Debes morir, te he tirado mi misil pluriintergaláctico sónicoespacial que vence a tu dragón luminoso espontáneo", o peor aún, chicos que le dicen a sus madres por la calle: "Mami, mami, ¿me cómpras, cacahuates?". ¿En qué idioma habla esta gente pequeña? ¿Acaso estamos condenados a perder nuestros argentinismos a raíz de la creciente ola de español neutro en los primeros años de la personalidad de uno, y luego con la terrible mala calidad de los programas locales, que en lugar de culturalizar, desculturalizan? ¿Hasta qué punto debemos preocuparnos y hasta dónde no? Porque no tenemos niños compadritos por la calle que digan frases como: "Salí de la gayola y ahora ando en pleno metejón con una minusa que labura en el cafetín de los suburbios grises".
No creo que los chicos lleguen a hablar nunca de esa manera. De hecho, no sé cuantos de los que han leído este texto saben que quise decir en la última frase. No los culpo. Hay alguien que está intentando borrar nuestra cultura, nuestro arte, nuestra alma, y eso no deja de preocuparme.

2 comentarios:

Discepolín dijo...

Muy interesante Ferchum, es un tema que hace pensar, tal vez ese sea el mérito del texto. Porque sería más fácil decir "la tele es una porquería", cosa que es cierta, pero eso es una simplificación, porque se ignoran ciertos programas o canales interesantes.

En el delirio "Las figuritas en Flores" intenté mostrar la "magia" que había en un simple juego de nenes, pero la televisión tiene otra magia: crea la realidad. Y le impone sus ritmos, sus tiempos, a las demás actividades (desde la política hasta el deporte). El problema no es la magia, sino el mago. Es decir, quién crea la realidad, quién maneja la tele, son qué objetivos, qué intereres defiende.

Hoy por hoy, la tele es una porquería. Y no me como el verso de algunos de "ehh bueno, pero si pones un programa cultural a las 9 de la noche no lo ve nadie". Mentira, a esa hora, la gente ve lo que hay. A esa hora y en cualquier otra, pero sobre todo cuando los laburantes llegan a su casa y quieren desconectarse un poco... y ahí en vez de una novela como Montecristo el mismo canal te pone al año siguiente Gran Hermano y paralelamente El Gen argentino, que por más que me pareciera una basura era de lo mejorcito. Y ni hablar de Tinelli, y ni hablar de la baSuar.

Lo de los dibujitos esos pedorros que decís es tal cual.

En fin, hoy como nunca antes la tele es una herramamienta de disciplinamiento social y de alienación cultural. Es preocupante. Pero hay esperanzas, el Canal Encuentro, ciertos chispazos de Canal 7, algunas producciones aisladas de los canales grandes.

Me fui a cualquier lado.

PD: Nombraste a Cablín... bien ahí.

Discepolín dijo...

Una aclaración porque sino puede sonar pedante y vanguardista lo que dije. No es que a mí la televisión no me discipline ni me aliene, todo lo contrario.

Si nos atenemos a la parte de infrmación política... Hace unos meses nos obligó a pensar si era conveniente o no modificar la ley cafiero para que la ciudad tuviera policía propia. Luego nos hizo estar pendientes de una valija que tenía menos de 1 palo verde adentro. Y ahora que se tocaron temas realmente trascendentes, se tergiversó y manipuló descaradamente, la tele, la radio, la prensa escrita, todos.

Sólo quería decir que no me considero ajeno al coloniaje mental que llevan adelante los medios de comunicación en general.